¿Quién me devuelve los sueños perdidos en Bagé?

Quien pueda pensar que la gente de las ciudades brasileras limítrofes o casi limítrofes con nuestro país constituyen una familia común con las gentes de nuestros pueblos del interior, esta totalmente equivocado.
La cultura brasilera, la televisión, el nacionalismo incentivado a través de todos los medios de comunicación, la unidad que proporciona una lengua común que es diferente a la nuestra, vuelven a cualquier pueblo -por mas cercano que esté al Uruguay- en un colectivo- marcadamente- diferente a nuestras realidades.
Alcanza con para en cualquier pueblito del Brasil, en un bar, o un armazen de su campaña y si hay un televisor, van a encontrar el canal de la Globo TV con sus inigualables telenovelas de altísima calidad. Esta cadena brinda una homogenización de la cultura globalizando (valga la redundancia) valores desde la norteña Acre, pasando por Rio y hasta la sureña ciudad del Chuy.
Como en todos los países, los valores culturales de una época están íntimamente ligados a los cambios que se van produciendo en las sociedades, y esos cambios a veces son manipulados por los gobiernos y/o los medios de Comunicación masivos.
Digo todo esto porque no puedo dejar pasar como a fines de los 80´s y usando a la Globo como principal canal de difusión, la era Collor de Mello incentivó y extendió la música Sertaneja (o del Sertao) a todo el país. De esta forma se reforzaron valores culturales que como un boomerang terminaban por afianzar la enorme cuota de poder del mismísimo Fernando Collor, que era un líder político que provenía del Sertao. Para lograr esto se combinaban los medios de penetración, con las influencias políticas, más los artistas con más, el pueblo.
Hace no mucho tiempo tuve la chance de vivir un tiempo en una ciudad que esta a 60 kilómetros de la frontera de Aceguá. Nada más y nada menos que Bagé. La “Rainha da Fronteira” como suelen decir los “brasucas”. Una ciudad de 130 mil habitantes, que vive de la ganadería, el arroz, los haras, los enormes frigoríficos y el comercio, y poco más que eso.
Me hospedé en un Hotel céntrico y rápidamente disfruté de la hospitalidad y cariño de esa gente, que aprecia -y mucho- a los uruguayos. Fui a pasar un buen tiempo allá por razones de trabajo y los primeros días me sentí un poco perdido. Vi gente de bombacha gaucha caminando por la ciudad. Bagenses con sus mates a cuesta (como si estuviera en Uruguay). La diferencia es que toman una yerba mucho más suave, lavada y con palitos que la diferencian de la nuestra. Los porongos son más grandes y generalmente un kilo de yerba les dura 3 días.
Bagé es una ciudad que conserva edificaciones muy antiguas y eso la hace muy bonita. Calles de piedras en una ciudad construida en un valle pero como muchas ciudades brasileras se mantiene una arquitectura colonial que le da un toque de distinción inigualable.
Dicen los que saben, que la forma de adaptarse a una nueva realidad es compartiendo rápidamente los valores culturales y en definitiva, tratando de ser “uno mas” en la nueva tribu.
La barrera del idioma es un problema en las primeras semanas pero después te haces entender.
Mi punto de inflexión en este sentido y en la ciudad de Bagé se produjo un día que descubrí en las calles a una horda de hinchas de un club que se llama Gremio do Bagé. Eran como 20 morochos con camisetas amarillas y negras en listas verticales ordenadas de tal forma que eran un calco de la camiseta del glorioso club Atlético Peñarol.
Mis ojos no lo podían creer. Estaba parado en la puerta de una Galeteria y me sorprendió ese grupo de muchachos. Pensé para mis adentros “¿Qué hace la barra de la Amsterdam acá?”. Pero eran ellos, los seguidores del Bagé (así le dicen al Gremio ahí). Le pregunté a Dorival, un recepcionista del hotel – cuales eran los equipos de la ciudad y en que campeonatos jugaban.
Allí tuve toda la información que me faltaba. Básicamente había dos equipos en la ciudad. El Bagé por un lado y el Guaraní. Los dos tenían sus estadios (muy parecidos a los de los equipos chicos de primera división de Uruguay). El Guarani lucia una camiseta roja y blanca a listas verticales muy parecida a la de River Uruguayo.
Me contó Dorival que generalmente competían en la segunda división del torneo Gaucho, pero que cada tanto ascendían a la primera. El anciano recepcionista me falou:
“Seu Rodrigues, aquí em Bagé somos amarelo y preto como u Peñarol”.
Sentí que el pecho se me inflamaba porque empezaba a encontrar a pocos kilómetros de Aceguá alguna cosa en común con este simpático Pueblo aparte ver como toman mate al igual que nosotros.
Lo cierto es que pude averiguar que así como en el Estado de Rio Grande do Sul existe el clásico entre Gremio e Internacional de Porto Alegre (el Gre-Nal). En Bagé se juega el clásico entre Guaraní y Bagé (el Ba-gual).
No pasaron ni 3 días que tuve la oportunidad de conocer a Gilmar, Presidente del Bagé.
Por supuesto que se produjo una natural simpatía entre este personaje del sur Brasilero y yo.
Los dos amábamos el futbol y los dos compartíamos la pasión por una camiseta amarilla y negra.
Yo sabia que no iba a quedarme mucho tiempo mas en la ciudad pero quería estar cerca del futbol local, ver los partidos y en suma; disfrutar de la fiesta popular como si fuese “uno mas” de Bagé.
Yo ya había tenido mi experiencia anterior en el deporte federado. Algo sabía de las cosas que le pasaban a un administrador de ilusiones, como lo es un Presidente de un club. Pero verlo en un país ajeno y en una ciudad chica era toda una aventura.
Gilmar era tan piola que me permitía esa proximidad. Es más, llego a consultar decisiones a tomar dentro del club conmigo o así me lo hizo creer. ¡Que más da!. Un hombre veterano que ya había atravesado varias etapas dentro del club y que lo manejaba “de taquito”. Pero sorteando siempre las dificultades propias de una ciudad pequeña, donde los ingresos económicos escaseaban. En los últimos años las funciones de Gilmar eran más representativas que Directivas.
Su sobrino, Josecley, el mayor de 3 hermanos (las otras dos eran mujeres) y único pariente varón de otra generación que le quedaba en la vida, se encargaba de manejar el dinero, negociar con los sponsors y hasta vender los jugadores. Josecley era el hijo que nunca pudo tener Gilmar y lo había maleducado tanto o más que a un nieto, pero era su devoción en esta vida.
Josecley no trabajaba en Bage. Tenía un cambio en la frontera de Rivera- Livramento con un socio uruguayo de mala reputación y buena fortuna. Gilmar vivía humildemente en una morada discreta de la calle Osorio y solía decirle a su sobrino Josecley “si estas haciendo dinheiro no lo muestres”. Sin dudas, se había formado en otra época y sabia que en un pueblo chico del sur de Brasil, las especulaciones y la maldad que genera la envidia podían llegar a tener repercusiones negativas algún día y golpear a su querido sobrino.
Y todo esto se dio cuando Josecley se compró una Ferrari para andar en las calles de piedra de Bagé. Nadie podía entender como y porqué ese muchacho de 35 años había hecho tanta plata en tan poco tiempo. Especulaban con diferentes motivos, principalmente vinculados al negocio en la frontera. Pero también se sabía que el sobrino del Presidente había sido el impulsor de una venta de un jugador local al Corinthians de Sao Paulo y las malas lenguas aseguraban que se había “prendido” en el pase.
Cuando me dijeron los valores de una transferencia importante como esa no me pareció “prima facie” una cifra tan interesante como para que alguien se haya hecho rico y ahí empecé a dudar respecto de la veracidad del rumor.
Iba a los partidos del Bagé y también en poco tiempo pude conocer a los directivos rivales del Guaraní. Me parecieron buena gente en general pero su club al igual que su dirigencia provenía del barrio mas elitista de la Rainha da Fronteira. Y ese estilo mas “cajetilla” no me atraía demasiado. Había escogido bien en alquilar mis simpatías deportivas al Bagé. Eran el “Peñarol” dentro del Brasil que yo aprendí a querer.
Cuando profundice aun mas respecto a ¿Cómo hacían esos clubes para sobrevivir? Me di cuenta que los números no cerraban. Las recaudaciones eran de escaso porte. A los partidos no concurrían mas de 2 mil personas salvo en el Ba-Gual. La masa social de ambos clubes si bien era interesante para una ciudad relativamente chica, apenas servia para cubrir el presupuesto administrativo con el fruto de las cuotas sociales. Se pagaban derechos de televisión a los clubes de la segunda división pero eran muy exiguos y los partidos no eran -todos- transmitidos y cuando lo eran se hacían en canales locales y no en las grandes cadenas televisivas.
Había un agujero negro que se iba a tapar el día que pudieran vender algún jugador. Eso si, en cada venta aparecía
Josecley más rápido que su Ferrari para cerrar los negocios. A la hinchada no le llamaba la atención y tampoco le importaba demasiado. Mientras el Bagé le ganara al Guarani estaba todo bien. La disconformidad empezaba a aparecer cuando los reveses deportivos se repetían.
Pero había un personaje misterioso para mí que iba a todos los partidos que deslumbraba a todo por su espectacular atuendo. Solía sentarse en el palco, no solo en los partidos del Bagé sino también en los del Guaraní.
Decían que era de origen Sirio y que tenía negocios rurales y en la frontera con Uruguay. Más tarde descubrí que tenía un Haras a escasos kilómetros de Bage y que era dueño de una fortuna incalculable no solo por los caballos ni por las tierras. Me aseguraron que medio Bage le debía plata y que tres cuartos del pueblo le tenían miedo.
Su aspecto personal era bastante desagradable, no por sus características étnicas (por supuesto), sino por esa manía de usar atuendos negros, vehiculo negro, y collares y pulseras plateadas tan ampulosas como de mal gusto. Su nombre era Karim y todos sabían que detrás de sus negocios, prestaba dinero a mucha gente y –como era previsible- eso también lo hacia dentro del futbol de la región. Los que lo querían mas lo catalogaban de prestamista y los que le tenían “enquina” lo trataban de usurero.
“ Pae” decía Josecley a Gilmar sabiendo que le entraba al veterano por su debilidad emocional: “vamos convidar a seu Karim a comer un churrasquinho no clube esta semana”.
El bueno de Gilmar que había perdido el pelo pero no las mañas, ya sabía que cuando venían esos súbitos intereses de confraternidad social era porque algún negocio estaba aprontando su sobrino y el Osama Bin Laden del futbol Gaúcho.
Mas que un Bin Laden, Karim era el Henry Kissinger local. Su influencia en dirigentes, jugadores, empresas era impactante. A casi todos –alguna vez- les había hecho algún favor, y casi todos –siempre- se sentían emocionalmente en la situación de deberle algo. Se trataba de un prestamista que sabia estar a la hora que sus clientes o amigos lo necesitaban para hacerles sentir que era su única solución, su “amigo” y si no le pagaban, su verdugo. Las historias de Karim en las ciudades de la región como Alegrete, Pelotas, Dom Pedrito, Livramento y hasta en la misma Bage, eran de terror. Un “play boy” de origen sirio que cerraba cualquier boliche ,a cualquier hora y ahí corrían la tanto la “blanca” como la etiqueta azul. Por lo menos, eso era lo que decían.
Yo no me puedo quejar respecto de este personaje. Mi trato con él fue fugaz y de mero corte social. Por supuesto que me preguntó por personas del Uruguay que yo solo conocía por el apellido o por sobrenombre y casi todas ellas, misteriosamente vinculadas al mundo del hampa o del futbol.(Valga la redundancia).
Gilmar estaba vencido ya por los problemas y había delegado -en demasía- los negocios del club, en su sobrino. No se trataba de un “bebé de pecho” ni una persona sin agachadas, pero mantenía en la ciudad una reputación moral por encima del promedio de los dirigentes de futbol de cualquier lugar del planeta.
Un día se produjo un episodio que le cambio radicalmente la vida. Y justo estaba yo en Bagé en esos tiempos y pude vivirlo con mis propios ojos.
Llegó Karim con dos empresarios que decían ser voceros del Fluminense de Río de Janeiro y en medio de un entrenamiento le pidió a Silvinho, Jair y Cleyson que se metieran en su auto que tenia que viajar esa misma tarde a Rio. Los pibes eran las figuras promisorias locales, -morenos todos- y en Bage nadie desconocía que tenían contrato hasta fin de año en el club. Todavía faltaba 8 meses para que se vencieran.
También sabían todos en el pueblo, que el Bagé estaba atrasado algunos meses en los sueldos de los jugadores y que la única forma de poder paliar todo ese presupuesto era “morir” con los prestamos que le hacia Karim al club.
Faltaban 15 días para el clásico (Ba-Gual) y con 3 jugadores menos “rapiñados” por esos gorilas la hinchada y la prensa local se revolucionó. También faltaban pocos días para que el atraso salarial ascendiera a los tres meses. (Ya había pasado antes y Gilmar consiguió el dinero pero…ahora.).
Los primeros días fue un incendio público general, luego algunos periodistas influyentes del medio local empezaron –misteriosamente- a edulcorar la situación. Wanderlei Santos, el comentarista local mas famoso empezó a decir: “hay que entender también las aspiraciones de esos garotos que son hijos de esta ciudad y tienen direito a crecer en la carrera”. De esta forma acomodaba el discurso a los intereses del sirio.
Cinco días antes, el mismo periodista había dicho que era “un despojo al club Bagé” y ahora encontraba un argumento diferente para darse vuelta “en el aire” con su retórica. Todos sabían en el pueblo que el dueño de la radio donde trabajaba Wanderlei era socio de Karim y le debía la vida y un cuarto más. También todo el mundo sabía que Wanderlei Santos era partidario acérrimo del Guaraní y cada vez que podía perjudicar al Bagé lo hacía. Santos siempre decía que tenía “mas de 30 años de periodismo deportivo”. De esa forma y con el “auto-bombo” se generaba una aureola de credibilidad sustentada en la experiencia. De esa forma la opinión pública deportiva de la ciudad se dividía entre los que defendían al club y los que le servían que el Bagé se debilitara.
Para proteger sus intereses los socios y dirigentes menores del club promovieron una asamblea con el objetivo de “aclarar los tantos”. Allí se encontraron con un encendido discurso de su presidente don Gilmar y también de su sobrino Josecley. Este último por primera vez en la vida aparecía con una imagen revolucionaria y distante de la figura de su ex amigo el sirio Karim. “Nao podemos deixar que nos levem os jogadores para Río, nao vamos a permitir”.
Los humildes salones del Club estaban abarrotados de socios que fueron a esta extraordinaria asamblea a incendiarlo todo, motivados por la indignación del saqueo que le habían propinado los intereses espurios de un club grande de otro Estado dentro del Brasil. Lo cierto es que las normas de la Federación Gaúcha permitían a los jugadores en caso de atrasos en sus pagos que excedieran los dos meses la chance de solicitar su libertad de acción y “arreglar” con otro club, siempre que este no fuera un rival directo de la competición estadual. Karim conocía esta norma y podía volverse si el lo quería: Juez y parte. La norma “Gaúcha” estaba inspirada en un sentido de protección al jugador de futbol pero detrás de este sano espíritu, el sirio encontraba una oportunidad de negocio única.
Alcanzaba con quitarle el respirador de los prestamos al club para que los jugadores quedaran si cobrar y generar -al instante- la situación de libertad que le venia como anillo al dedo al Fluminense. Y por supuesto que también al propio Karim, quien ya calculaba las “monedas” que le iban a tocar por dicha maniobra.
Mientras tanto Josecley con su discurso en defensa del club, transformaba los ojos de su tío Gilmar en un manto de lágrimas, fruto de la emoción. La asamblea no paraba de aplaudir las encendidas llamas que fluían de las palabras de un sobrino que repudiaba el despojo del sirio y las inequidades de un sistema que privilegiaba a los clubes ricos en desmedro de los clubes productores de talentos a lo largo y ancho del interior del Brasil.
A varios kilómetros de distancia y ya con Silvinho, Jair y Cleyson tomando suco de Abacaxi en la playa de Copacabana.
Karim ya sabia que estos jugadores habían quedado “libres” y que por tanto, ni el Fluminense y ni él, tenían que pagarle dinero por transferencia al Bagé.
Decía descaradamente “O Bagé no bagó los sueldos, o turco tiene direito de hacer ricos a los negros”. Bien se sabe que los árabes suelen pronunciar la b en lugar de la p cuando hablan español o portugués.
Y por si fuera poco, Cleyson había causado sensación en la primera practica en Río, marcando dos golazos de cabeza. Karim sabía que el Fluminense solo tenía que arreglar con él y nada más.
En Bagé, Josecley se comprometía por su honor y buen nombre en hacer todos los esfuerzos en la CBF (Confederación Brasileña de Futbol) y en la Federación Gaúcha de Futebol para recuperar a los jugadores o exigir el pago de una indemnización.
La masa social del Bagé por primera vez en todos esos años se olvidó de las excentricidades del sobrino del Presidente, de la Ferrari, de las noches de parranda ostentando dinero y alcohol.
Esa noche el club se reencontró con un supuesto “futuro líder” que enorgullecía a su tío y a la “torcida maior do Bagé”.
Yo estaba en esa asamblea. Puedo contar cada momento vivido. Me había ganado la confianza de Gilmar y en este tema –en especial- intentaba sondear mi opinión. A esa altura mi portuñol se parecía cada vez más a un portugués mal pronunciado y nos entendíamos a la perfección.
Una tarde, Gilmar me convocó a una reunión que iba a tener con los directivos más influyentes de su club, con Josecley y un abogado bagense de muy bajo perfil. No sabía muy bien que hacia yo ahí. Pero era una muestra de la confianza que había depositado en mí, el solo hecho de estar en ese meeting estratégico.
Josecley llevo adelante la reunión y fue categórico al presentar a su amigo “ a partir de agora o doctor Miranda va a representar a Bagé en la CBF”. Miranda tenía mas pinta de pirata que de abogado, tanto es así que cuando le fui a dar la mano temí que me pinchara con un garfio.
La decisión que surgió de la reunión fue que viajara una delegación a Rio de Janeiro integrada nada más y nada menos que por Josecley y su amigo el dr. Miranda.
La debacle deportiva contra el Guaraní, el descontrol y desquicio dado que todo esto llevó a una ruptura de relaciones con Karim y también a raíz de eso, con toda la prensa y poderes que lo adornaban al sirio.
Ese año Gremio de Bagé terminó antepenúltimo en el campeonato regional de la segunda división y si no fuera porque el “honorable” Gilmar compró a un golero rival en la última fecha, hubiera descendido.
Pocos meses después el dr. Miranda se “olvidó” de presentar un escrito dentro del plazo previsto y el Fluminense salio victorioso frente a la demanda que le iniciará Bagé en los tribunales de la CBF.
Miranda se mudó para Pelotas y tanto Gilmar como Josecley lo vituperaron sepultando su reputación jurídica para siempre en el pueblo.
La sabia redondez de este mundo hizo que un día y varios años mas tarde todo saliera a luz en una conversación en el hipódromo de Maroñas acá en Uruguay.
Gilmar ya anciano y en una casa de salud, Josecley desaparecido, si bien las malas lenguas lo hacían por Italia y el Gremio de Bagé a los tumbos manejado por un dueño de una Loja de Ropas Femeninas eran la nueva realidad que mostraba la decadencia del otrora glorioso club aurinegro del sur de Brasil.
Y yo que iba a jugarme unos mangos en la séptima carrera a un caballo llamado “Bola 9” que lo corría Hurtado. Y fue allí que me encuentro con dos gorilas y una camisa negra veteadas con grises casi obscenos, dos tremendas pulseras de plata, tan plateadas como las sienes de una cara que ya conocía y desde hace mucho tiempo. La nariz delataba el origen árabe de este personaje que no era otro que el mismísimo Karim.
Un caballo suyo ganaba el clásico “Dia de la Independencia” y la alegría que ello le provocaba hasta lo volvía un tipo simpático.
Sin embargo cuando me vio se alegró y no lo pudo disimular. Habían pasado 8 años de aquellos acontecimientos que lo habían llevado a enemistarse con medio pueblo de Bagé, cuando se llevó de prepo a Cleyson, Silvinho y al chueco Jair. Me dijo que había hecho fortunas con Cleyson y que ahora estaba jugando en Escocia en el Rangers. A los otros dos no había como sacarlos de la noche carioca y Jair tuvo que volver a Bagé a laburar en un frigorífico.
No pude aguantar la tentación y le pregunté: ¿Por qué te llevaste gratis a jugadores que se habían formado en el Bagé y porqué te hiciste odiar por tanta gente en la ciudad?
“¿Quién te falou que me los llevé gratis?” me contestó.
“Al Bage no le dieron ni un Dólar, ni un real” le retruqué firmemente.
“Al Bage nao” me dijo sonriente, invitándome a repreguntar.
“y ¿a quien entonces? Le pregunté.
El sirio se mordía por contarme lo que yo ya empezaba a sospechar, pero intentó la fuga. Ni lerdo ni perezoso y sin medir consecuencias lo tome de un brazo para que no se fuera y ahí se me vinieron al humo los gorilas que lo acompañaban. Karim les hizo una seña para que no me tocaran y me dijo en un portuñol adornado con un italiano mafioso, que siempre lo caracterizaba: “o Fluminense bagó el base de los 3 negros”
“Mitad bara o turco Karim, Mitad bara o Josec …..(y se tranco sin pronunciar el resto del nombre propio con un silencio elocuente que me lo dijo todo)…”
¿Borqué te bensás que o abogado no bresentó los escritos en la CBF dentro del Blazo? Capisce?
Ahí empecé a comprender como los basureros no son los únicos espacios que juntan mugre, algunos clubes de futbol profesional también lo son, y en cualquier lugar de este mundo
Menos mal, que todo esto que te cuento fue una pesadilla que tuve una noche durmiendo en el hotel de Bagé . Me desperté sobresaltado y no pude hacer otra cosa que escribir lo que había soñado. Todavía no sé como y porqué dormí tan mal aquella noche de julio del 2008. Me levanté sudoroso a pesar del frío y a las 4 de la mañana de aquel mes de julio lo escribí para no olvidarme más.
Después la vida me enseñó que en el mundo real y no ficticio de los sueños,-y en el fútbol- todavía pueden pasar cosas peores que ni en sueños podes llegar a imaginártelos.
¿Capisce?.

El autor: OCTAVIOMANYA

19 de Abril de 2010 Publicado en Textos a concurso en 'Sueños' - Leer más


2 Opiniones to “¿Quién me devuelve los sueños perdidos en Bagé?”

  1. mario ramis dice:

    me parecio un cuento fascinante. felicito al autor

  2. Andrés Oberti Rual dice:

    Muy buen cuento. Se ve que manyaste la lección
    y nos la enseñaste. No sé si bara abrenderla bien
    o si bara no hacerla, ja!
    Felicitaciones.

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