Textos a concurso en 'Sueños'

Pesadillas

Es difícil precisar cuándo y por qué va a suceder, pero una noche vuelves a tenerlas, las pesadillas regresan. ¿Has cenado mal?: No. Quizá tomaste algo que no te sentó bien: No. Tal vez la película se enquistó en tu cabeza: No hubo, estuviste leyendo el periódico, nada trascendente, los temas políticos de siempre. Entonces esos sueños extraños ¿de dónde proceden? Ni lo mencionas, pero en el fondo lo sabes. De ti, de algún lugar lejano oculto en la trastienda del cerebro. Son tus creaciones, llevan sello propio y alguna vez pueden llegar a convertirse en reales.
Llevaba tres días soñándola cuando la encontré. Estaba en un desfile de modelos de cierto relieve, no era ninguna de ellas, sólo un maniquí. Logré entrar mediante una acreditación falsa de reportero. Estaba en un cuarto trastero. La sacaron, la pusieron un instante junto al Set de la espléndida modelo brasileña Gisele Bündchen y cuando aquélla pasó a su lado me pareció insignificante. ¿Saben cómo es la Bünchen? Se trata de un bellezón rubio que a primera vista impresiona y a segunda desmonta. Pues bien, al lado del maniquí la Bünchen no tenía nada que hacer. No es tonta, se dio cuenta enseguida y con disimulo ordenó que lo incineraran. Pero yo ya la había descubierto y merced a mi sagaz versatilidad me convertí en incinerador.

En diez minutos ella; es decir, el maniquí y yo salíamos por la puerta trasera. Me costó meterla en el coche. Tuve que volverle el brazo izquierdo del revés. Aquello debió de doler, no se quejó, era consciente de su situación.

Al cabo de un rato circulábamos tranquilamente por la autopista París – Lyon y comenzó a hablarme, me dijo: “No soy para ti.” La miré con sorpresa y añadió. “Verás tú eres un hombre decente y con trabajo.” No. Estoy en el paro, señalé. Ella se acarició el bucle castaño rojizo del lado izquierdo de su sien y continuó. “Quería decírtelo desde que me metiste en el coche. Yo no soy buena para ti ni para nadie.” La miré durante unos instantes y pregunté. ¿Por qué? Sonrió con nerviosismo y lo dijo sin dificultad. “Porque soy una meretriz.” Ni siquiera miré, solo dije. En resumen eres una puta. Trató de corregir y añadió muy seria: Tan sólo meretriz. Me reí la miré a los ojos marrones y le pregunté. ¿Sabes lo que es una meretriz? Titubeó y dijo: “No.” Proseguí. ¿Conoces su utilidad? “No.” ¿Sabes de qué país son? “No.” ¿Sabes cuántas hay en el mundo? “No.” Te lo diré: ¡Millones! Y corregí. Pero sólo una es un puto y bellísimo maniquí.
“¿Quién?” Tú, por supuesto.
Mientras hablábamos me interné en un camino frondoso y retirado. Detuve el coche. La tomé por la cintura, la abracé y la besé con pasión; le desabroché la faldita plisada y sin mediar palabra la penetré. Nadie se interpondría a mis designios. No protestó y se dejó hacer en silencio, era una puta.

Cuando terminé se había puesto pálida y la nariz le había crecido de forma parecida a la de Pinocho. La miré con asombro y balbuceé un “Qué…” entrecortado. De pronto su mirada era como de cal y se carcajeaba de mí. Dijo: “Te he mentido.” La mire con espanto y le pregunté. Dime la verdad. Dime. ¿Quién eres, qué eres? “Soy una tarántula.” Y se abalanzó sobre mí.

Desperté gritando angustiado, encendí la luz de la lámpara. Sudaba. Salí de la cama, comencé a caminar y de pronto me detuve con terror. Saliendo de debajo del vértice izquierdo del marco del cuadro que había colgado sobre mi cama estaba la tarántula. Pareció advertirme y se detuvo. Salí corriendo a la cocina abrí la alacena y retirando de forma precipitada botes de lejía y detergente, busqué el insecticida mata cucarachas, hormigas, arañas, y demás insectos rastreros. Lo hallé olvidado en un rincón. Cuando volví el monstruo no se había movido de lugar. Temblando, enfoqué en su dirección y disparé. Dio unos pasos y cayó sobre el tomo de Drácula de Bram Stocker que permanecía abierto por la página doscientos diecisiete, aquella en la que se relata como cuando llega el crepúsculo los No muertos pueden salir de la tumba y de sus criptas. Lo cerré y la aplasté sin piedad; cogí el libro y abrí la puerta de acceso al jardín. Hacía una noche de luna llena; salí y lo quemé sobre la hierba. A continuación procedí a extender sus cenizas. Cuando entré de nuevo me di cuenta del fuerte olor a insecticida, entonces volví a abrir la puerta y la dejé unos instantes para que el aire corriera, mientras, me fui a lavar las manos, y me las enjaboné meticulosamente. Cuando volví miré la luna y sentí un escalofrío. Se desencadenó un fugaz vendaval sobrecargado de aromas y tuve la sensación de que algo se introducía flotando en el aire. Asustado, cerré la puerta de golpe, me metí en la cama, me cubrí con las mantas hasta el rostro y me dormí.

Tuve un nuevo sueño. Me encontraba a un niño llorando en una montaña y al preguntarle qué le ocurría me dijo que había olvidado su soldadito de plomo en la cima. Sólo hice que llegar arriba y darme cuenta del percance; había olvidado las botellas de oxígeno. Y sin oxígeno no es posible respirar a diez mil metros de altitud.
No hubo mañana siguiente. Dictaminaron muerte por asfixia e intoxicación. ¿Me excedí en la dosis de insecticida? No, por supuesto, sigo vivo. Cierto, aunque tengo una sensación de encierro desagradable, como si estuviera en el interior de… ¿una caja de ébano? No claro, se trata de una nueva pesadilla… Supongo…

El autor: Jose

19 de Abril de 2010 Publicado en Textos a concurso en 'Sueños' - Leer más

Lo sé desde hace tiempo

Ella, acariciaba su pelo, mientras tallaba en su memoria un recuerdo minucioso del sentir de sus manos, de la fragancia que emanaba.   Faltaban pocos minutos para partir, pero sentía su espíritu atornillado en aquella silla, retorció su boca y enjuagó con sal y lágrimas sus labios.     No dejaría promesas, ni palabras sobre papeles, porque no existian palabras que explicaran el dolor y que justificaran su ausencia.  Tomó una Camelia, que robó del jardin… la puso en la mesita de noche, no sin antes estamparle un beso.   Se levantó de la silla, cargando con un peso enorme de sentimientos, pero hizo el máximo esfuerzo, una lucha de ella con ella.   Rodó su mirada antes de cruzar la puerta, dibujó bien la imagen en su mente, tal vez en algún cuadro lo dibujaría, tal vez.

Dejó en aquella habitación, el sueño que tuvo de un amor, que algún dia pretendió darle forma, darle vida, darle luz propia.    Tomó la ligera maleta que acomodó en la esquina de la puerta, y con firmeza emprendió el camino.   El amor en su forma había elegido, su propia figura, el amor es libre por naturaleza, rebelde, extraño, discreto.

Él, cumplió su anehlo de verla, de escucharla, sin sentir el dolor que ella reflejaba en sus ojos, esos fueron esquivos en aquella noche para él, porque ellos hablaban por si solos, ellos gritaban.   Ella escuchó atenta, extendió sus manos, y afianzó el amor en sus palabras.    

El amor era quien cumplia su sueño, pese a los dolores que emanaban de aquellos cuerpos.  El amor triunfó en su forma espontanea, fue El Amor, quien cumplió el sueño de un reencuentro intenso.  

Él tomó la flor mientras sonreía, murmurando: “…. Lo sé desde hace tiempo”.

El autor: mars

19 de Abril de 2010 Publicado en Textos a concurso en 'Sueños' - Leer más

¿Quién me devuelve los sueños perdidos en Bagé?

Quien pueda pensar que la gente de las ciudades brasileras limítrofes o casi limítrofes con nuestro país constituyen una familia común con las gentes de nuestros pueblos del interior, esta totalmente equivocado.
La cultura brasilera, la televisión, el nacionalismo incentivado a través de todos los medios de comunicación, la unidad que proporciona una lengua común que es diferente a la nuestra, vuelven a cualquier pueblo -por mas cercano que esté al Uruguay- en un colectivo- marcadamente- diferente a nuestras realidades.
Alcanza con para en cualquier pueblito del Brasil, en un bar, o un armazen de su campaña y si hay un televisor, van a encontrar el canal de la Globo TV con sus inigualables telenovelas de altísima calidad. Esta cadena brinda una homogenización de la cultura globalizando (valga la redundancia) valores desde la norteña Acre, pasando por Rio y hasta la sureña ciudad del Chuy.
Como en todos los países, los valores culturales de una época están íntimamente ligados a los cambios que se van produciendo en las sociedades, y esos cambios a veces son manipulados por los gobiernos y/o los medios de Comunicación masivos.
Digo todo esto porque no puedo dejar pasar como a fines de los 80´s y usando a la Globo como principal canal de difusión, la era Collor de Mello incentivó y extendió la música Sertaneja (o del Sertao) a todo el país. De esta forma se reforzaron valores culturales que como un boomerang terminaban por afianzar la enorme cuota de poder del mismísimo Fernando Collor, que era un líder político que provenía del Sertao. Para lograr esto se combinaban los medios de penetración, con las influencias políticas, más los artistas con más, el pueblo.
Hace no mucho tiempo tuve la chance de vivir un tiempo en una ciudad que esta a 60 kilómetros de la frontera de Aceguá. Nada más y nada menos que Bagé. La “Rainha da Fronteira” como suelen decir los “brasucas”. Una ciudad de 130 mil habitantes, que vive de la ganadería, el arroz, los haras, los enormes frigoríficos y el comercio, y poco más que eso.
Me hospedé en un Hotel céntrico y rápidamente disfruté de la hospitalidad y cariño de esa gente, que aprecia -y mucho- a los uruguayos. Fui a pasar un buen tiempo allá por razones de trabajo y los primeros días me sentí un poco perdido. Vi gente de bombacha gaucha caminando por la ciudad. Bagenses con sus mates a cuesta (como si estuviera en Uruguay). La diferencia es que toman una yerba mucho más suave, lavada y con palitos que la diferencian de la nuestra. Los porongos son más grandes y generalmente un kilo de yerba les dura 3 días.
Bagé es una ciudad que conserva edificaciones muy antiguas y eso la hace muy bonita. Calles de piedras en una ciudad construida en un valle pero como muchas ciudades brasileras se mantiene una arquitectura colonial que le da un toque de distinción inigualable.
Dicen los que saben, que la forma de adaptarse a una nueva realidad es compartiendo rápidamente los valores culturales y en definitiva, tratando de ser “uno mas” en la nueva tribu.
La barrera del idioma es un problema en las primeras semanas pero después te haces entender.
Mi punto de inflexión en este sentido y en la ciudad de Bagé se produjo un día que descubrí en las calles a una horda de hinchas de un club que se llama Gremio do Bagé. Eran como 20 morochos con camisetas amarillas y negras en listas verticales ordenadas de tal forma que eran un calco de la camiseta del glorioso club Atlético Peñarol.
Mis ojos no lo podían creer. Estaba parado en la puerta de una Galeteria y me sorprendió ese grupo de muchachos. Pensé para mis adentros “¿Qué hace la barra de la Amsterdam acá?”. Pero eran ellos, los seguidores del Bagé (así le dicen al Gremio ahí). Le pregunté a Dorival, un recepcionista del hotel – cuales eran los equipos de la ciudad y en que campeonatos jugaban.
Allí tuve toda la información que me faltaba. Básicamente había dos equipos en la ciudad. El Bagé por un lado y el Guaraní. Los dos tenían sus estadios (muy parecidos a los de los equipos chicos de primera división de Uruguay). El Guarani lucia una camiseta roja y blanca a listas verticales muy parecida a la de River Uruguayo.
Me contó Dorival que generalmente competían en la segunda división del torneo Gaucho, pero que cada tanto ascendían a la primera. El anciano recepcionista me falou:
“Seu Rodrigues, aquí em Bagé somos amarelo y preto como u Peñarol”.
Sentí que el pecho se me inflamaba porque empezaba a encontrar a pocos kilómetros de Aceguá alguna cosa en común con este simpático Pueblo aparte ver como toman mate al igual que nosotros.
Lo cierto es que pude averiguar que así como en el Estado de Rio Grande do Sul existe el clásico entre Gremio e Internacional de Porto Alegre (el Gre-Nal). En Bagé se juega el clásico entre Guaraní y Bagé (el Ba-gual).
No pasaron ni 3 días que tuve la oportunidad de conocer a Gilmar, Presidente del Bagé.
Por supuesto que se produjo una natural simpatía entre este personaje del sur Brasilero y yo.
Los dos amábamos el futbol y los dos compartíamos la pasión por una camiseta amarilla y negra.
Yo sabia que no iba a quedarme mucho tiempo mas en la ciudad pero quería estar cerca del futbol local, ver los partidos y en suma; disfrutar de la fiesta popular como si fuese “uno mas” de Bagé.
Yo ya había tenido mi experiencia anterior en el deporte federado. Algo sabía de las cosas que le pasaban a un administrador de ilusiones, como lo es un Presidente de un club. Pero verlo en un país ajeno y en una ciudad chica era toda una aventura.
Gilmar era tan piola que me permitía esa proximidad. Es más, llego a consultar decisiones a tomar dentro del club conmigo o así me lo hizo creer. ¡Que más da!. Un hombre veterano que ya había atravesado varias etapas dentro del club y que lo manejaba “de taquito”. Pero sorteando siempre las dificultades propias de una ciudad pequeña, donde los ingresos económicos escaseaban. En los últimos años las funciones de Gilmar eran más representativas que Directivas.
Su sobrino, Josecley, el mayor de 3 hermanos (las otras dos eran mujeres) y único pariente varón de otra generación que le quedaba en la vida, se encargaba de manejar el dinero, negociar con los sponsors y hasta vender los jugadores. Josecley era el hijo que nunca pudo tener Gilmar y lo había maleducado tanto o más que a un nieto, pero era su devoción en esta vida.
Josecley no trabajaba en Bage. Tenía un cambio en la frontera de Rivera- Livramento con un socio uruguayo de mala reputación y buena fortuna. Gilmar vivía humildemente en una morada discreta de la calle Osorio y solía decirle a su sobrino Josecley “si estas haciendo dinheiro no lo muestres”. Sin dudas, se había formado en otra época y sabia que en un pueblo chico del sur de Brasil, las especulaciones y la maldad que genera la envidia podían llegar a tener repercusiones negativas algún día y golpear a su querido sobrino.
Y todo esto se dio cuando Josecley se compró una Ferrari para andar en las calles de piedra de Bagé. Nadie podía entender como y porqué ese muchacho de 35 años había hecho tanta plata en tan poco tiempo. Especulaban con diferentes motivos, principalmente vinculados al negocio en la frontera. Pero también se sabía que el sobrino del Presidente había sido el impulsor de una venta de un jugador local al Corinthians de Sao Paulo y las malas lenguas aseguraban que se había “prendido” en el pase.
Cuando me dijeron los valores de una transferencia importante como esa no me pareció “prima facie” una cifra tan interesante como para que alguien se haya hecho rico y ahí empecé a dudar respecto de la veracidad del rumor.
Iba a los partidos del Bagé y también en poco tiempo pude conocer a los directivos rivales del Guaraní. Me parecieron buena gente en general pero su club al igual que su dirigencia provenía del barrio mas elitista de la Rainha da Fronteira. Y ese estilo mas “cajetilla” no me atraía demasiado. Había escogido bien en alquilar mis simpatías deportivas al Bagé. Eran el “Peñarol” dentro del Brasil que yo aprendí a querer.
Cuando profundice aun mas respecto a ¿Cómo hacían esos clubes para sobrevivir? Me di cuenta que los números no cerraban. Las recaudaciones eran de escaso porte. A los partidos no concurrían mas de 2 mil personas salvo en el Ba-Gual. La masa social de ambos clubes si bien era interesante para una ciudad relativamente chica, apenas servia para cubrir el presupuesto administrativo con el fruto de las cuotas sociales. Se pagaban derechos de televisión a los clubes de la segunda división pero eran muy exiguos y los partidos no eran -todos- transmitidos y cuando lo eran se hacían en canales locales y no en las grandes cadenas televisivas.
Había un agujero negro que se iba a tapar el día que pudieran vender algún jugador. Eso si, en cada venta aparecía
Josecley más rápido que su Ferrari para cerrar los negocios. A la hinchada no le llamaba la atención y tampoco le importaba demasiado. Mientras el Bagé le ganara al Guarani estaba todo bien. La disconformidad empezaba a aparecer cuando los reveses deportivos se repetían.
Pero había un personaje misterioso para mí que iba a todos los partidos que deslumbraba a todo por su espectacular atuendo. Solía sentarse en el palco, no solo en los partidos del Bagé sino también en los del Guaraní.
Decían que era de origen Sirio y que tenía negocios rurales y en la frontera con Uruguay. Más tarde descubrí que tenía un Haras a escasos kilómetros de Bage y que era dueño de una fortuna incalculable no solo por los caballos ni por las tierras. Me aseguraron que medio Bage le debía plata y que tres cuartos del pueblo le tenían miedo.
Su aspecto personal era bastante desagradable, no por sus características étnicas (por supuesto), sino por esa manía de usar atuendos negros, vehiculo negro, y collares y pulseras plateadas tan ampulosas como de mal gusto. Su nombre era Karim y todos sabían que detrás de sus negocios, prestaba dinero a mucha gente y –como era previsible- eso también lo hacia dentro del futbol de la región. Los que lo querían mas lo catalogaban de prestamista y los que le tenían “enquina” lo trataban de usurero.
“ Pae” decía Josecley a Gilmar sabiendo que le entraba al veterano por su debilidad emocional: “vamos convidar a seu Karim a comer un churrasquinho no clube esta semana”.
El bueno de Gilmar que había perdido el pelo pero no las mañas, ya sabía que cuando venían esos súbitos intereses de confraternidad social era porque algún negocio estaba aprontando su sobrino y el Osama Bin Laden del futbol Gaúcho.
Mas que un Bin Laden, Karim era el Henry Kissinger local. Su influencia en dirigentes, jugadores, empresas era impactante. A casi todos –alguna vez- les había hecho algún favor, y casi todos –siempre- se sentían emocionalmente en la situación de deberle algo. Se trataba de un prestamista que sabia estar a la hora que sus clientes o amigos lo necesitaban para hacerles sentir que era su única solución, su “amigo” y si no le pagaban, su verdugo. Las historias de Karim en las ciudades de la región como Alegrete, Pelotas, Dom Pedrito, Livramento y hasta en la misma Bage, eran de terror. Un “play boy” de origen sirio que cerraba cualquier boliche ,a cualquier hora y ahí corrían la tanto la “blanca” como la etiqueta azul. Por lo menos, eso era lo que decían.
Yo no me puedo quejar respecto de este personaje. Mi trato con él fue fugaz y de mero corte social. Por supuesto que me preguntó por personas del Uruguay que yo solo conocía por el apellido o por sobrenombre y casi todas ellas, misteriosamente vinculadas al mundo del hampa o del futbol.(Valga la redundancia).
Gilmar estaba vencido ya por los problemas y había delegado -en demasía- los negocios del club, en su sobrino. No se trataba de un “bebé de pecho” ni una persona sin agachadas, pero mantenía en la ciudad una reputación moral por encima del promedio de los dirigentes de futbol de cualquier lugar del planeta.
Un día se produjo un episodio que le cambio radicalmente la vida. Y justo estaba yo en Bagé en esos tiempos y pude vivirlo con mis propios ojos.
Llegó Karim con dos empresarios que decían ser voceros del Fluminense de Río de Janeiro y en medio de un entrenamiento le pidió a Silvinho, Jair y Cleyson que se metieran en su auto que tenia que viajar esa misma tarde a Rio. Los pibes eran las figuras promisorias locales, -morenos todos- y en Bage nadie desconocía que tenían contrato hasta fin de año en el club. Todavía faltaba 8 meses para que se vencieran.
También sabían todos en el pueblo, que el Bagé estaba atrasado algunos meses en los sueldos de los jugadores y que la única forma de poder paliar todo ese presupuesto era “morir” con los prestamos que le hacia Karim al club.
Faltaban 15 días para el clásico (Ba-Gual) y con 3 jugadores menos “rapiñados” por esos gorilas la hinchada y la prensa local se revolucionó. También faltaban pocos días para que el atraso salarial ascendiera a los tres meses. (Ya había pasado antes y Gilmar consiguió el dinero pero…ahora.).
Los primeros días fue un incendio público general, luego algunos periodistas influyentes del medio local empezaron –misteriosamente- a edulcorar la situación. Wanderlei Santos, el comentarista local mas famoso empezó a decir: “hay que entender también las aspiraciones de esos garotos que son hijos de esta ciudad y tienen direito a crecer en la carrera”. De esta forma acomodaba el discurso a los intereses del sirio.
Cinco días antes, el mismo periodista había dicho que era “un despojo al club Bagé” y ahora encontraba un argumento diferente para darse vuelta “en el aire” con su retórica. Todos sabían en el pueblo que el dueño de la radio donde trabajaba Wanderlei era socio de Karim y le debía la vida y un cuarto más. También todo el mundo sabía que Wanderlei Santos era partidario acérrimo del Guaraní y cada vez que podía perjudicar al Bagé lo hacía. Santos siempre decía que tenía “mas de 30 años de periodismo deportivo”. De esa forma y con el “auto-bombo” se generaba una aureola de credibilidad sustentada en la experiencia. De esa forma la opinión pública deportiva de la ciudad se dividía entre los que defendían al club y los que le servían que el Bagé se debilitara.
Para proteger sus intereses los socios y dirigentes menores del club promovieron una asamblea con el objetivo de “aclarar los tantos”. Allí se encontraron con un encendido discurso de su presidente don Gilmar y también de su sobrino Josecley. Este último por primera vez en la vida aparecía con una imagen revolucionaria y distante de la figura de su ex amigo el sirio Karim. “Nao podemos deixar que nos levem os jogadores para Río, nao vamos a permitir”.
Los humildes salones del Club estaban abarrotados de socios que fueron a esta extraordinaria asamblea a incendiarlo todo, motivados por la indignación del saqueo que le habían propinado los intereses espurios de un club grande de otro Estado dentro del Brasil. Lo cierto es que las normas de la Federación Gaúcha permitían a los jugadores en caso de atrasos en sus pagos que excedieran los dos meses la chance de solicitar su libertad de acción y “arreglar” con otro club, siempre que este no fuera un rival directo de la competición estadual. Karim conocía esta norma y podía volverse si el lo quería: Juez y parte. La norma “Gaúcha” estaba inspirada en un sentido de protección al jugador de futbol pero detrás de este sano espíritu, el sirio encontraba una oportunidad de negocio única.
Alcanzaba con quitarle el respirador de los prestamos al club para que los jugadores quedaran si cobrar y generar -al instante- la situación de libertad que le venia como anillo al dedo al Fluminense. Y por supuesto que también al propio Karim, quien ya calculaba las “monedas” que le iban a tocar por dicha maniobra.
Mientras tanto Josecley con su discurso en defensa del club, transformaba los ojos de su tío Gilmar en un manto de lágrimas, fruto de la emoción. La asamblea no paraba de aplaudir las encendidas llamas que fluían de las palabras de un sobrino que repudiaba el despojo del sirio y las inequidades de un sistema que privilegiaba a los clubes ricos en desmedro de los clubes productores de talentos a lo largo y ancho del interior del Brasil.
A varios kilómetros de distancia y ya con Silvinho, Jair y Cleyson tomando suco de Abacaxi en la playa de Copacabana.
Karim ya sabia que estos jugadores habían quedado “libres” y que por tanto, ni el Fluminense y ni él, tenían que pagarle dinero por transferencia al Bagé.
Decía descaradamente “O Bagé no bagó los sueldos, o turco tiene direito de hacer ricos a los negros”. Bien se sabe que los árabes suelen pronunciar la b en lugar de la p cuando hablan español o portugués.
Y por si fuera poco, Cleyson había causado sensación en la primera practica en Río, marcando dos golazos de cabeza. Karim sabía que el Fluminense solo tenía que arreglar con él y nada más.
En Bagé, Josecley se comprometía por su honor y buen nombre en hacer todos los esfuerzos en la CBF (Confederación Brasileña de Futbol) y en la Federación Gaúcha de Futebol para recuperar a los jugadores o exigir el pago de una indemnización.
La masa social del Bagé por primera vez en todos esos años se olvidó de las excentricidades del sobrino del Presidente, de la Ferrari, de las noches de parranda ostentando dinero y alcohol.
Esa noche el club se reencontró con un supuesto “futuro líder” que enorgullecía a su tío y a la “torcida maior do Bagé”.
Yo estaba en esa asamblea. Puedo contar cada momento vivido. Me había ganado la confianza de Gilmar y en este tema –en especial- intentaba sondear mi opinión. A esa altura mi portuñol se parecía cada vez más a un portugués mal pronunciado y nos entendíamos a la perfección.
Una tarde, Gilmar me convocó a una reunión que iba a tener con los directivos más influyentes de su club, con Josecley y un abogado bagense de muy bajo perfil. No sabía muy bien que hacia yo ahí. Pero era una muestra de la confianza que había depositado en mí, el solo hecho de estar en ese meeting estratégico.
Josecley llevo adelante la reunión y fue categórico al presentar a su amigo “ a partir de agora o doctor Miranda va a representar a Bagé en la CBF”. Miranda tenía mas pinta de pirata que de abogado, tanto es así que cuando le fui a dar la mano temí que me pinchara con un garfio.
La decisión que surgió de la reunión fue que viajara una delegación a Rio de Janeiro integrada nada más y nada menos que por Josecley y su amigo el dr. Miranda.
La debacle deportiva contra el Guaraní, el descontrol y desquicio dado que todo esto llevó a una ruptura de relaciones con Karim y también a raíz de eso, con toda la prensa y poderes que lo adornaban al sirio.
Ese año Gremio de Bagé terminó antepenúltimo en el campeonato regional de la segunda división y si no fuera porque el “honorable” Gilmar compró a un golero rival en la última fecha, hubiera descendido.
Pocos meses después el dr. Miranda se “olvidó” de presentar un escrito dentro del plazo previsto y el Fluminense salio victorioso frente a la demanda que le iniciará Bagé en los tribunales de la CBF.
Miranda se mudó para Pelotas y tanto Gilmar como Josecley lo vituperaron sepultando su reputación jurídica para siempre en el pueblo.
La sabia redondez de este mundo hizo que un día y varios años mas tarde todo saliera a luz en una conversación en el hipódromo de Maroñas acá en Uruguay.
Gilmar ya anciano y en una casa de salud, Josecley desaparecido, si bien las malas lenguas lo hacían por Italia y el Gremio de Bagé a los tumbos manejado por un dueño de una Loja de Ropas Femeninas eran la nueva realidad que mostraba la decadencia del otrora glorioso club aurinegro del sur de Brasil.
Y yo que iba a jugarme unos mangos en la séptima carrera a un caballo llamado “Bola 9” que lo corría Hurtado. Y fue allí que me encuentro con dos gorilas y una camisa negra veteadas con grises casi obscenos, dos tremendas pulseras de plata, tan plateadas como las sienes de una cara que ya conocía y desde hace mucho tiempo. La nariz delataba el origen árabe de este personaje que no era otro que el mismísimo Karim.
Un caballo suyo ganaba el clásico “Dia de la Independencia” y la alegría que ello le provocaba hasta lo volvía un tipo simpático.
Sin embargo cuando me vio se alegró y no lo pudo disimular. Habían pasado 8 años de aquellos acontecimientos que lo habían llevado a enemistarse con medio pueblo de Bagé, cuando se llevó de prepo a Cleyson, Silvinho y al chueco Jair. Me dijo que había hecho fortunas con Cleyson y que ahora estaba jugando en Escocia en el Rangers. A los otros dos no había como sacarlos de la noche carioca y Jair tuvo que volver a Bagé a laburar en un frigorífico.
No pude aguantar la tentación y le pregunté: ¿Por qué te llevaste gratis a jugadores que se habían formado en el Bagé y porqué te hiciste odiar por tanta gente en la ciudad?
“¿Quién te falou que me los llevé gratis?” me contestó.
“Al Bage no le dieron ni un Dólar, ni un real” le retruqué firmemente.
“Al Bage nao” me dijo sonriente, invitándome a repreguntar.
“y ¿a quien entonces? Le pregunté.
El sirio se mordía por contarme lo que yo ya empezaba a sospechar, pero intentó la fuga. Ni lerdo ni perezoso y sin medir consecuencias lo tome de un brazo para que no se fuera y ahí se me vinieron al humo los gorilas que lo acompañaban. Karim les hizo una seña para que no me tocaran y me dijo en un portuñol adornado con un italiano mafioso, que siempre lo caracterizaba: “o Fluminense bagó el base de los 3 negros”
“Mitad bara o turco Karim, Mitad bara o Josec …..(y se tranco sin pronunciar el resto del nombre propio con un silencio elocuente que me lo dijo todo)…”
¿Borqué te bensás que o abogado no bresentó los escritos en la CBF dentro del Blazo? Capisce?
Ahí empecé a comprender como los basureros no son los únicos espacios que juntan mugre, algunos clubes de futbol profesional también lo son, y en cualquier lugar de este mundo
Menos mal, que todo esto que te cuento fue una pesadilla que tuve una noche durmiendo en el hotel de Bagé . Me desperté sobresaltado y no pude hacer otra cosa que escribir lo que había soñado. Todavía no sé como y porqué dormí tan mal aquella noche de julio del 2008. Me levanté sudoroso a pesar del frío y a las 4 de la mañana de aquel mes de julio lo escribí para no olvidarme más.
Después la vida me enseñó que en el mundo real y no ficticio de los sueños,-y en el fútbol- todavía pueden pasar cosas peores que ni en sueños podes llegar a imaginártelos.
¿Capisce?.

El autor: OCTAVIOMANYA

19 de Abril de 2010 Publicado en Textos a concurso en 'Sueños' - Leer más

El chico de la pulsera de colores

……Por más que intento recordarlo, no puedo. Tengo aquel sueño metido en mi cabeza, tengo la sensación que me produjo, pero no recuerdo el sueño.
..” Tarareando en un Fa sostenido una extraña canción, soñé que aparecía un día un chico extraño por mi calle.
Tenía una mirada melancólica, sus cejas caían hacia ambos lados y su sonrisa era más bien tímida y compungida. A pesar de eso, no me dio miedo cuando se acercó para preguntarme si quería tomar un café con el.
Me gustó su valentía, ya que por aquellos lares apenas se acercaba gente, y mucho menos como aquel chico.
Su ropa desprendía un aroma muy agradable, como el de ropa recién lavada, y me fijé que en su mano derecha, debajo de su jersey azul oscuro de cuello pico asomaba una pulserita de colores.
Los colores, vivos y brillantes no compaginaban con su ropa oscura y sombría. Parecía que aquella pulsera daba una pátina de brillo a todo aquel halo de tristeza que aquel extraño chico llevaba consigo.
Me iré pronto de este sitio – masculló entre dientes y con un tono de voz extremadamente bajo.
Pero si acabas de llegar – apresuré yo.
Tomamos un café, sin apenas decir nada, tan solo una breve conversación. Recuerdo su mirada, su dulce y triste mirada; recuerdo su pelo oscuro muy bien cortado, recuerdo su olor y su aroma, recuerdo su ropa, recuerdo su cara, hasta recuerdo su curiosa pero insignificante pulsera de colores tan llamativa…..Pero apenas recuerdo el significado de aquella extraña conversación donde me contaba qué lo había traído hasta mi calle “………

El autor: denisse

19 de Abril de 2010 Publicado en Textos a concurso en 'Sueños' - Leer más

Última caída

Todo está demasiado oscuro, calculo que desde hace unos minutos no hago otra cosa que caer a un vacío profundo, no puedo hacer nada para detenerme aunque  he intentado parar la caída, no puedo hacer otra cosa que dejarme llevar. La oscuridad me está venciendo, por fin puedo abrir los ojos, debía de haber sido un sueño si no fuera porque entre las dunas del desierto estoy viendo tus ojos, grandes y amarillentos, reconozco tu silueta de tigre centenario acechándome, con esos colmillos desgastados, largos y retorcidos hacia abajo, corriendo a toda velocidad delante de mí, tras de mí, siempre apareces, cerca o lejos no importa,  nunca dejare de buscarte con la mirada porque no me deja de sorprender la velocidad a la que corres faltándote tres de las cuatro patas, el cómo se mueven los músculos como si el resto de tus extremidades estuvieran ahí. ¡No! Por favor, no te alejes.  Le he perdido en el horizonte y se está haciendo de noche, algo o alguien se mueve tras de mí, tengo que correr pero mis piernas no responden, noto cómo se acerca, está demasiado cerca viene a por mí y me lanzo a la carrera, hacia delante, no tengo muy claro que esta delante y que detrás de mí pero intuyo que voy hacia delante, sorteando las dunas del desierto, a lo lejos sólo veo la línea del horizonte, entre moteada y verdosa si hay algo más allá me temo que no llegaré a tiempo para descubrirlo, antes habré muerto, al girar la cabeza  he visto que la sombra que me persigue no anda, planea a ras del suelo, se me saltan las lágrimas, ¡me va a alcanzar!, hacia delante un precipicio rocoso marca el fin del camino, parece que voy a morir de todas formas, el miedo me instiga, ahora lo que no puedo es dejar de correr y vuelvo a lanzarme al vacío, cierro los ojos esperando el golpe, noto el vértigo y no caigo, ¡puedo volar!, estoy volando sobre el mar y bajo las estrellas, nunca había visto algo tan hermoso, todos los problemas se disipan, no hay nada que temer, puedo hacer piruetas, caracolillos en el aire, desde el mar me siguen los delfines y desde el aire las cigüeñas que me guían hasta una playa donde aterrizo suavemente como si mi cuerpo no pesara. Allí el tigre, compañero de mis sueños me espera sentado, es tres veces mi tamaño pero jamás le tuve miedo, por primera vez no corre, me permite que me siente a su lado, miramos hacia el mar mientras amanece, no tengo nada que contarle porque sé que lo sabe todo de mí, la luz me ciega, cierro los ojos y todo desaparece.

El autor: Marisa

18 de Abril de 2010 Publicado en Textos a concurso en 'Sueños' - Leer más

Esbozo de un sueño

Cruzaron el portalón del patio de armas con la apariencia de soldados de plomo. En una segunda visión, constaté que se trataba de anónimos humanos de ensueño. Avanzaban alineados, luciendo orgullosos la pulcritud de sus equipos de combate. Eran tres. Pronto, dos de las tres faces quedaron difuminadas en los vertiginosos adentros de lo onírico. No tardé en sorprender la atención bajo el casco del que se había convertido en el único caminante, sostenida en la sobrevenida imagen de un hierático Charles Chaplin. Ataviado con el uniforme de los paracaidistas de la US Army. De fugaz protagonismo. Caprichosamente desfigurado en una brusca transfiguración. Un rostro inusitado sobresalió súbito del cuerpo uniformado. Adolf Hitler avanzaba firme en sus yanquis pasos. Ávido en el deseo de cumplir las órdenes recibidas por el alto mando: Incursión y sabotaje.

El autor: Un bostoniano

18 de Abril de 2010 Publicado en Textos a concurso en 'Sueños' - Leer más

Soñando despierto

Eugenio y Carlos eran lo que podríamos llamar dos almas gemelas. Daban pleno significado a la palabra “amigos”. Se tenían el uno al otro desde pequeños y aunque eran distintos como la cara y la cruz de una moneda, estaban tan unidos como éstas. Tal vez esas personalidades tan diferentes los hacían complementarse como uno solo.
Carlos, un par de años mayor que Eugenio, era la sensatez personificada. Algo introvertido y serio, servía de prudente freno a la pareja. Su inteligencia y cultura eran el resultado de muchos años de estudio unidos a una gran avidez por la lectura variada.
Eugenio era tan brillante como carismático. Encajaba en el arquetipo de joven triunfador seguro de sí mismo y capaz de todo. Tan alocado como mujeriego le duraban menos las novias que un buen libro a su amigo Carlos.
Las duras vivencias de la infancia en un orfanato les habían unido de por vida. Ya adultos, viviendo solos, libres e independientes, se veían a diario y seguían tan unidos como lo estuvieron durante aquellos años grises de penurias que quedaron enterrados en el recuerdo de ambos.
Era la madrugada de un frío Domingo de Invierno. Una día más de aquel mes de Enero helador, cuando Carlos telefoneó a Eugenio.
- “Hola Eugenio. Tengo que verte. ¿Puedes venir a mi casa?”. Susurró Carlos con voz débil y fatigada.
- “¿Carlos, eres tu?”.
- “Sí. Soy yo. ¿Puedes venir ahora?”.
- “¿Cuando?. ¿Ahora?. ¡Si son las seis de la mañana!”. Dijo Eugenio entre bostezos mirando el despertador de su mesilla de noche.
- “Sí. Lo sé,,, pero necesito que vengas a mi casa”. Replicó Carlos con tono inquieto.
- “¿Qué te pasa, Carlos? ¡Te noto raro!”.
- “No… Nada. Ven. Tenemos que hablar”. Y Carlos colgó el teléfono.

Eugenio, turbado por la extraña llamada de su amigo y preocupado por su tono de voz, se levantó de la cama y buscó algo de ropa que ponerse. No podía imaginar qué estaba pasando. La noche anterior, habían estado juntos tomando unas cervezas.
- ¡Joder, con el frío que hace!, ¡Menos mal que somos vecinos!.
Mientras Eugenio cruzaba la calle al encuentro de su amigo, podía sentir cómo el viento helado le azotaba la cara. Ya en el ascensor subiendo al tercer piso donde estaba la casa de su amigo, Eugenio se abrió el abrigo y aflojó la bufanda, con ganas de llegar para poder entrar en calor. Al salir del ascensor, no dio importancia al hecho de que la puerta estuviese sin cerrar y entornada. Carlos debía estar esperándole en el interior.

- “¿Carlos?”. Dijo Eugenio mientras empujaba la puerta y entraba en la casa. No obtuvo respuesta.
Eugenio cerró la puerta tras de sí, dejando abrigo y bufanda en la percha del recibidor. Luego se dirigió al salón, donde casi a oscuras encontró a Carlos sentado en el sofá frente al televisor apagado cabizbajo y con las manos tapando su rostro.
- “¡Pero amigo!,,, ¿Qué te pasa?”. Preguntó Eugenio preocupado.
Tampoco obtuvo respuesta. Eugenio se aproximó y arrodillándose frente a él, le apartó las manos poniendo las suyas para erguir la cara de su amigo. Al tocarlo, notó un frío intenso y al mirarlo de frente quedó impresionado por el aspecto de su rostro. Pese a la penumbra que envolvía la estancia, pudo ver claramente que la cara de Carlos estaba envejecida. Arrugas que no existían ayer ahora recorrían la frente y boca de su amigo que, con los ojos cerrados, estaba ausente sin percatarse de nada a su alrededor.
Ese rostro que le era tan conocido había cambiado de forma increíble. No era la cara propia de un joven de treinta años. Era como si su amigo hubiese envejecido años en unas horas. Todo el conjunto de facciones en su rostro exudaba sufrimiento en su estado más puro. Eugenio, sin poder aguantar más aquella visión, se abrazó a Carlos colocando su mejilla junto a la de él. Pudo entonces oírle decir débilmente:
- “Es horrible,,, es horrible”
- “Carlos. Cuéntame. ¿Qué ha pasado?”. Preguntó Eugenio suavemente intentando mostrar una calma que no tenía.
Echándose un poco hacia atrás, aún abrazados, ambos quedaron frente a frente. Los ojos de Carlos, ya abiertos, estaban irritados y rojos. Parecían no haber parado de llorar durante toda una vida. Con voz profunda y pausada, Carlos le dijo a Eugenio:
- “Esta noche he visto el horror. No te imaginas ahora el alcance de lo que te digo, pero pronto entenderás. Te he llamado porque necesito contarte algo y es vital que me creas y comprendas todo lo que te voy a decir. Sé que ahora tienes mil preguntas sin respuesta. Te aseguro que poco a poco quedarán todas satisfechas”.
Eugenio estaba perplejo. No encontraba ningún sentido al aspecto que presentaba el rostro de su amigo y a la calma con la que había hablado. Se levantó lentamente hasta quedar en pié. Nervioso y confuso no lograba pensar con coherencia. Cada nueva idea en su cabeza que intentaba dar una explicación a aquello era más absurda que la anterior. Cada vez más preocupado y sin poder calmarse, tomó una silla sentándose frente a Carlos como esperando con ansiedad esas respuestas que le aseguraba tener.
- “Cuéntame qué ha pasado”. Dijo Eugenio
Carlos se echó lentamente hacia atrás hasta quedar su cabeza mirando al techo apoyada sobre el respaldo del sofá. Luego colocó su mano izquierda cerrada en un puño sobre su frente, dando leves golpecitos como queriendo sacar despacio algo del interior de su cerebro. Luego, en voz muy baja pero clara, comenzó a hablar…
- “Esta noche he estado en sitios horribles,, en momentos trágicos que lo cambiaron todo. No han sido pesadillas, han sido vivencias reales donde yo estaba presente. Podía ver, sentir, oler… Al principio quise intervenir, pero no pude. Luego asistí como espectador resignado a todo ese pavor que fue impuesto ante mis ojos”.
A Eugenio todo aquello le parecía increíble, pero la angustia de Carlos y su cara, le estaban indicando que realmente algo había pasado. Sin saber aún qué crédito dar a lo que oía, Eugenio preguntó:
- “¿Qué has estado soñando?, ¿Qué momentos cambiaron lo todo?.”
Carlos se incorporó sentándose erguido y mirando a Eugenio con frialdad le dijo:
- “Veo que no entiendes. No han sido sueños. Al principio, yo tampoco podía comprender lo que pasaba, pero gradualmente fui reconociendo los lugares, las personas, las épocas. Después, cada vez con mayor claridad, sabía dónde me encontraba y lo que ocurría ante mí”.
Carlos guardó silencio durante unos instantes y luego continuó.
- “Dime cuál te parece el acontecimiento más trágico de la historia e intentaré hacerte entender”.
- “El holocausto durante la Segunda Guerra Mundial”. Contestó Eugenio con prontitud.
Carlos asintió y bajando la mirada dijo:
- “Wannsee. Estuve allí y viví sus consecuencias. En aquella hermosa granja de aquel precioso lugar se reunieron 14 hombres el 20 de Enero del año 42 para decidir el destino de millones de Judíos Europeos. Lo llamaron “Solución final para el problema judío”. En realidad utilizaban muchos eufemismos para dar nombre a cosas atroces. Lo que me resultaba más turbador era el ambiente relajado, la suave música de un gramófono, café, té y pastas para aderezar aquella locura criminal”.

Carlos pasó entonces a describir lo que con el tiempo se llamaría “Conferencia de Wannsee” y el contenido del protocolo que allí se confeccionó. Contó a Eugenio, con asombrosa precisión, datos sobre la reunión y sus asistentes. Heydrich, Eichmann, Bühler… Todos fueron descritos por Carlos con gran minuciosidad y una enorme profusión de detalles.

Cuando Carlos hubo terminado, Eugenio estaba aturdido. Sabía que todo aquello no podía ser fruto de un sueño. Pensó que de alguna manera su amigo había estado allí.
- “¿Pero tú no hablas alemán? Dijo Eugenio totalmente desconcertado.
- “No. Yo no hablo alemán, No sé cómo, pero pude entenderlos con total claridad en aquella ocasión y en otras vivencias en las que la lengua me era más ajena aún si cabe.
- ¿Qué más vivencias has tenido?. Dijo Eugenio sin estar del todo seguro de querer saber más.
Carlos con un gesto apesadumbrado, esbozó una falsa y amarga sonrisa. Sus ojos se inundaron de lágrimas cuando contestó:
- “Han sido innumerables. Pero la más triste de todas, fue ver cómo murió aquel hombre. ¡Fue todo tan distinto a cómo lo había imaginado!”.
- “¿A qué hombre te refieres?, ¿A quien viste morir?. Preguntó Eugenio con inquietud.
Carlos sujetó las manos de Eugenio y dijo con la voz temblorosa:
- “Amigo… Yo estuve en la crucifixión. Vi la muerte de Cristo”.
- “¡No es posible!”. Exclamó Eugenio.
Carlos, sin poder contener las abundantes lágrimas que caían por sus mejillas, volvió a bajar la mirada diciendo:
- “¿Sabes?. Lo que yo vi no se parece en nada a lo que nos imaginamos. No había ángeles en el cielo sujetando carteles ni había música celestial. Tan sólo había un hombre torturado brutalmente hasta el extremo, amarrado y clavado a una cruz. Sus delgados y finos brazos, estaban atados con cuerdas al madero para evitar que los clavos desgarraran sus manos. Los pies estaban clavados tan altos que lo hacían parecer que estuviera en cuclillas sentado sobre sus talones. Aquel hombre parecía no enterarse de nada, moribundo y casi desvanecido todo el tiempo. Al morir, soltó un débil gemido y esa especie de pañal que la historia le ha colocado para tapar pudorosamente su desnudez, habría hecho falta en la cruda y terrible realidad. De los horrores que he visto, de los millones a los acompañe en la hora de su muerte, aquello fue lo peor. Aquella sensación de tristeza, injusticia y desolación no tiene comparación posible”.

Eugenio estaba boquiabierto sin saber qué decir. Sin tener la menor explicación lógica, creía en todo lo que su amigo le contaba y estaba alucinado. Volviendo en sí y tras un largo silencio guardado por ambos, dijo:

- “Carlos, no sé qué es esto, pero realmente parece que hubieran pasado años desde que nos vimos ayer. ¿Qué sentido tiene lo que te ha ocurrido?. Es increíble, pero ¿porqué a ti? ¿Cómo…?
- “A llegado el momento de que sepas.” Interrumpió Carlos con gesto serio. “Te dije que tenía la respuesta a todas tus preguntas y que quedarían satisfechas. He visto lo que he visto porque es necesario que mueras”

Eugenio, sorprendido, soltó las manos de su amigo y se echó hacia atrás.

¿¡¿Pero que estás diciendo?!?. Preguntó con asombro.

Eugenio no se dio cuenta cuando Carlos deslizó suavemente su mano derecha entre los cojines del sofá donde estaba sentado. Cuando advirtió lo que pasaba, Carlos había amartillado una pistola con la que le apuntaba en mitad de la frente. El pulso firme de Carlos sujetando el arma y su mirada, convencieron a Eugenio de que estaba completamente dispuesto a matarlo.

- “¡Dios mío, No!. ¡Estás completamente loco!”. Exclamó Eugenio.

Carlos, sin titubear le contestó con sequedad:

- “Las cosas que he visto esta noche, no sólo pertenecen al pasado. He visto lo que el futuro te depara a ti y a todos. Debes morir porque serás responsable de una catástrofe inimaginable. A tu lado, todo el tropel de asesinos y genocidas de la historia, quedarán empequeñecidos”.
-“¿Pero cómo vas a matarme por algo que no he hecho?. ¡Cuéntame lo que viste para poder evitarlo!”. ¡No puedes matarme!. Dijo Eugenio casi rogando por su vida.
-“Serás un maldito visionario. Serás un líder para un montón de gente y un demonio para el resto que llevará al mundo a la hecatombe. Amigo, sabes que te quiero por encima de todo, pero la única salvación posible está en tu muerte. Si hubieses visto lo que yo, tú mismo te quitarías la vida”.

Eugenio, sentado en la silla, estupefacto y con el convencimiento de que iba a morir, sintió un escalofrío recorriendo todo su cuerpo al ver cómo su mejor amigo se ponía en pié y apoyaba el arma en su sien dispuesto a matarlo en el acto final de aquella escena surrealista.
En un intento desesperado fruto de su instinto más básico de supervivencia, Eugenio arremetió contra Carlos agarrándose a su cintura con toda la fuerza de la que era capaz. Pudo sentir el estruendo del arma al disparar a escasos centímetros de su oído mientras ambos cayeron al suelo resbalando el arma de la mano de Carlos y quedando fuera del alcance de ambos.

Con el dolor agudo del tímpano al romperse, mareado y aturdido, sentía los golpes feroces de su amigo como estallidos en el interior de su cabeza. Con todo el rostro manchado con la espesa sangre que manaba profusa de sus heridas abiertas, Eugenio veía como Carlos le golpeaba violentamente con la ayuda de un objeto que no lograba identificar al que, con movimientos torpes y descoordinados, intentaba agarrarse.

Desvanecido y con el cráneo destrozado, Eugenio quedó a merced de Carlos que lo arrastraba hacia la ventana. Notó como la sangre que lo empapaba enfriaba su cuerpo al entrar en contacto con el aire helado del exterior y en un último acto reflejo agarró a Carlos al sentir cómo caía al vacío.

Ambos cuerpos cayeron y quedaron abrazados e inertes tras el brutal impacto contra el suelo. Con las caras enfrentadas, Eugenio vio los ojos vidriosos y muy abiertos de Carlos que con la mirada fija delataban su muerte. A Eugenio, no que restaba nada más que entregarse a su destino.
Ese destino le reservó un largo periodo en coma siempre al borde de la muerte. Los médicos no lograban entender cómo pudo sobrevivir con aquellas terribles lesiones. Peor aún entendían los anómalos resultados que mostraban los encefalogramas. Unas extrañas alteraciones en sus hondas cerebrales, dejaban perplejos a los expertos.
Tras salir del coma, no podía recordar absolutamente nada de lo sucedido y muy vagamente su anterior vida.
En la misma sala del hospital donde despertó, alguno de los enfermos terminales y desahuciados que allí estaban, quedaron milagrosamente sanos con la simple imposición de sus manos. A veces bastaba la simple presencia de Eugenio para que ocurrieran cosas tan maravillosas como inexplicables.

Cuando ante aquellos prodigios alguien le preguntaba si era un enviado de Dios, el simplemente respondía que, sin saber aún cual, tenía una importante misión que realizar en la vida. Sus adeptos comenzaron a seguirle por miles.

El autor: jotaeme21

18 de Abril de 2010 Publicado en Textos a concurso en 'Sueños' - Leer más

¿Simple coincidencia?

acoso laboral

Las noches se hicieron delirio y las ojeras se instalaron en mi rostro de forma permanente, a causa de un sueño que, todas las noches y, a lo largo de casi un mes, se repetía casi integramente. En él, yo corría desesperada para no ser alcanzada por un monstruo informe. Avanzaba por un lúgubre e infinito descampado mientras podía sentir un vívido terror en la boca del estómago.
Tras varias semanas de recurrente e insistente persecución, pude identificar en ese deforme engendro, la personalidad de mi jefe. Movida, quizás, por la rabia contenida durante mucho tiempo por su trato despectivo hacia mí, por las malas vibraciones que me causaba e incluso por el cansancio de tanta carrera nocturna, giré inesperadamente sobre mi cuerpo astral y le propiné un tremendo y certero puñetazo en el ojo, el primero de toda mi experiencia vital, onírica o no. Me desperté sudorosa, pero con una satisfacción que no podría describir.
Tras levantarme a beber un vaso de agua, logré reconciliar el sueño, ahora ya, plácido y reparador.
Por la mañana, mientras me dirigía a la oficina, me regocijaba mentalmente en mi fantasía, con la sensación de haber ganado una batalla y la seguridad de no volver a ver a mi perseguidor.
Entré en el despacho, aún con una sonrisa dibujada en la boca. De pronto, algo me dejó de piedra: mi jefe tenía el ojo izquierdo totalmente morado. No me atreví a preguntar qué le había pasado. ¿Era una simple coincidencia?
La respuesta sigue siendo una incógnita para mi, pero en cualquier caso, desde entonces, mi jefe me trata con un respeto que nunca antes me había demostrado.
Ahora mis noches son apacibles pero, sobretodo, mis días en la oficina han dado un giro de 360º.

El autor: corab

18 de Abril de 2010 Publicado en Textos a concurso en 'Sueños' - Leer más

Soñar contigo mientras duermo a tu lado

Me dormí de repente… ¿O seguía despierta? Estaba tumbada en la cama me giré y allí estaba él, sentí deseo de abrazarle, besarle y amarle, pero no podía, estaba inmóvil, como si me hubiesen amarrado en la cama o como si algo me prohibiese estar con él… tampoco podía hablar, pero el deseo cada vez se hacía más fuerte. Él pareció leerme el pensamiento y empezó a besarme, acariciarme,  yo seguía sin poder moverme, era una tortura, notaba como mi cuerpo se estremecía ante sus manos, ¡Qué traviesas eran sus manos! Pero yo quería mas, y mas pero cuanto más quería, menos recibía, parecía sobrecogido cuando me miró, sus ojos expresaban a la vez miedo y deseo, como si se acabase de dar cuenta de que yo era su mayor tentación, pero que también estaba prohibida.

Me desperté sobresaltada, pero aliviada al comprobar que podía moverme. Estaba tumbada en la cama, me giré y allí estaba él, sentí deseo de abrazarle, besarle y amare, y así lo hice…

El autor: Inma

16 de Abril de 2010 Publicado en Textos a concurso en 'Sueños' - Leer más

Los Sueños

Los sueños son sueños, hasta que estos se vuelvan realidad, y la realidad de los sueños, es cuando estos no tienen fin.

El autor: Gaby Castro

16 de Abril de 2010 Publicado en Textos a concurso en 'Sueños' - Leer más
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