Aprovechaban la hora del recreo para escaparse del “cole”. Entraban al Retiro subidos en la moto, sin casco, riendo, pasando de los “guardias”, el viento y el sol en la cara, sin miedo a nada pues nada tenía importancia salvo esas mañanas de primavera, de almendros en flor, de “pellas”, de confidencias y de risas. [...]
